|Edición Digital — Año I, N° 1
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Editorial Santa Jacinta

Fides • Traditio • Veritas

La Arquitectura del Engaño y los Pecados de la Razón: Tratado de Lógica Clásica, Neurobiología y Dialéctica Pontificia Frente a las Falacias del Mundo Moderno (Parte I de VI) (Parte 18)

Primera entrega de la magna exégesis del Diccionario de Falacias de Ricardo García Damborenea. El Dr. Alejandro de la Garza, en colaboración con la Dra. Ibáñez-Soto y el Lic. Torres-Lozano, disecciona la etiología neuronal y metafísica del sofisma, el secuestro límbico del Logos y la anatomía de los treinta grandes extravíos de la argumentación contemporánea.

ENSAYO DE LÓGICA, NEUROCIENCIA & GEOPOLÍTICA · DIRECTORIAL | Por Dr. Alejandro de la Garza, Director General, Editor Periodístico y CEO de Editorial Santa Jacinta | 31 Julio 2026
La Arquitectura del Engaño y los Pecados de la Razón: Tratado de Lógica Clásica, Neurobiología y Dialéctica Pontificia Frente a las Falacias del Mundo Moderno (Parte I de VI) (Parte 18)

El error empírico e histórico aflora de modo sangrante cuando premisas materialistas falsas se imponen sobre la realidad invisible de la naturaleza. El argumento de quien sentencia que un paciente no padece un desorden espiritual o un extravío moral porque su trazado electroencefalográfico luce perfectamente uniforme constituye un despropósito médico y filosófico; es una falacia tan burda como afirmar que el alma inmortal no existe porque los cirujanos del hospital jamás la han extirpado ni visualizado bajo el escalpelo en la mesa de autopsias. Cuando este salto inductivo se transporta al ámbito penal o ideológico, se convierte en la feroz Falacia ad Ignorantiam, donde el inquisidor invierte perversamente la carga probatoria exclamando: "No existe prueba documental en nuestros archivos de que usted no pertenezca a la conjura revolucionaria; por lo tanto, mientras no demuestre fehacientemente su inocencia, esta corte lo considerará culpable". Se explota la imposibilidad lógica de demostrar el hecho negativo indefinido para instaurar una condena fundada en el vacío.

Abordamos ahora uno de los espejismos de la disonancia cognitiva más explotados en el periodismo y en las disputas mundanas: el Recurso al Tu Quoque, expresión latina que clama "Y tú también", constituyendo una modalidad punzante de la falacia ad hominem en la que se rechaza la validez del razonamiento objetivo alegando que la vida, la conducta o el pasado del emisor incurren en la misma transgresión que su argumento condena. Nuestro cuerpo editorial, celoso de la hermenéutica tomista, deslinda aquí con exactitud matemática los dos territorios de este recurso: su empleo legítimo para derribar falsos pedestales morales y su empleo sofístico para silenciar verdades necesarias.

En el orden del liderazgo público y de la ejemplaridad política, el uso del Tu Quoque es plenamente lícito cuando la argumentación del hablante no se apoya en evidencias empíricas ni en deducciones lógicas, sino puramente en su supuesta autoridad moral y en la exigencia de que se le imite como modelo de virtud ciudadana. Si un legislador disoluto exige sacrificios fiscales a la clase obrera pregonando la austeridad del Estado mientras oculta patrimonios malhabidos en cortes extranjeras, o si un ideólogo ecologista impone privaciones energéticas a los pueblos mientras dilapida recursos en opulencias privadas, el ciudadano se halla facultado por la razón y el honor para pulverizar su prédica desenmascarando su hipocresía; pues, como enseñaba el romano Cicerón, nada hay más intolerable en la república que exigir a los gobernados una cuenta moral de vida que el gobernante es incapaz de rendir en su propia casa.

Por el contrario, el Tu Quoque degenera en una herejía dialéctica cuando se utiliza para ignorar o rechazar un razonamiento técnico, científico, ético o médico intrínsecamente verdadero por el solo hecho de que su portavoz sea un hombre frágil e inconsecuente. Si un médico aquejado por la adicción al tabaco advierte con documentos anatomopatológicos a su paciente sobre la estricta relación causal entre la nicotina y el carcinoma pulmonar, el enfermo que descarte la advertencia exclamando "¿Y por qué no deja usted de fumar primero?" incurre en un error lógico suicida. La hipocresía personal del facultativo constituye un grave defecto de su voluntad moral, pero carece absolutamente de potencia para alterar la validez geométrica o biológica del argumento enunciada. Nuestro Señor Jesucristo fijó para siempre el canon soberano de este discernimiento en el Evangelio según San Mateo (23,2-3) al instruir al pueblo con relación a los escribas y fariseos sentados en la cátedra de Moisés: "Haced y guardad lo que os digan, pero no imitéis sus obras, porque dicen y no hacen". La Verdad permanece incorrupta y obligatoria aunque brote de labios manchados; debatir la conducta del relator en lugar del peso lógico del relato representa una vil pista falsa pensada para perpetuar el pecado propio cobijándose en las sombras del pecado ajeno.

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