De Alvin Plantinga - Oxford University Press
El EAAN (Argumento Evolutivo contra el Naturalismo), formulado por el eminente filósofo Alvin Plantinga, postula mediante una rigurosa demostración de epistemología analítica que sostener conjuntamente la creencia en el naturalismo ontológico (la doctrina de que el universo puramente físico es todo lo que existe) y en la teoría evolutiva neodarwinista contemporánea constituye una postura lógicamente irracional y autodestructiva. Plantinga demuestra que, si las facultades cognitivas humanas son el subproducto exclusivo de un proceso biológico que selecciona únicamente por 'comportamiento adaptativo' para la supervivencia biológica (y no por la aprehensión de verdades objetivas), la probabilidad matemática de que dichas facultades generen 'creencias verdaderas' es inescrutablemente baja. En consecuencia, el naturalista evolutivo adquiere una razón epistemológica insalvable (un 'derrotador') para dudar de la fiabilidad de todas sus facultades cognitivas, lo que inexorablemente socava y destruye cualquier justificación racional para creer en su propia teoría del naturalismo evolutivo.
Relectura editorial
El Argumento Evolutivo contra el Naturalismo (EAAN) de Alvin Plantinga no es un simple debate de filosofía académica; es, sin margen de duda, el jaque mate definitivo y absoluto en el tablero de la epistemología contemporánea. Con una lógica pura y cortante como el diamante, Plantinga procede a destripar metódicamente la arrogancia insufrible del nuevo ateísmo militante (el llamado "cientificismo"). El magistral argumento saca a la luz la suprema y catastrófica ironía que define a nuestra era: los dogmáticos seculares esgrimen el paradigma de la evolución materialista y ciega como su arma predilecta para aplastar la metafísica clásica y alabar a la "Diosa Razón", sin percatarse en su ceguera de que el retroceso de esa misma arma destruye por completo los cimientos ontológicos que hacen posible la razón misma.
El razonamiento es devastador: si los seres humanos somos simplemente bestias neuronales surgidas por un encadenamiento fortuito de accidentes químicos y presiones de supervivencia, entonces la red sináptica de nuestros cerebros ha sido cableada exclusivamente para garantizar la huida de un depredador o la obtención de alimento, no para discernir los arcanos de la mecánica cuántica, la justicia moral o, paradójicamente, la propia teoría de la evolución. Para la implacable selección natural, resulta completamente irrelevante si las creencias albergadas en una mente son objetivamente verdaderas o alucinaciones delirantes, siempre y cuando el comportamiento físico resultante aumente las probabilidades de transmisión genética. Un homínido puede huir de un tigre dientes de sable motivado por una creencia verdadera ("el tigre me matará"), o por una falsedad absurda ("el tigre es un demonio invisible y correr es un rito mágico"); a la naturaleza ciega solo le importa que corra.
Por lo tanto, la evolución biológica librada al azar jamás actúa como un filtro que garantice la Verdad, sino únicamente como un filtro de comportamiento motriz. En consecuencia, la única base firme y lógicamente coherente sobre la cual la "Ciencia" empírica y la "Razón" analítica pueden reclamar una validez universal, es presuponiendo que el intelecto humano fue intencionalmente diseñado y calibrado a imagen de un Creador supremo, el Logos original, con el propósito expreso de asir la realidad.
Rechazar a Dios bajo el pretexto de defender la "racionalidad científica" es el acto de suicidio epistemológico más grande de la historia. Quien niega que la inteligencia humana sea una chispa inmaterial y trascendente, degrada su propia mente a la condición de un termostato de supervivencia glorificado. Y a un termostato no se le exigen tesis doctorales ni verdades universales. La fe en un Orden racional y trascendente es, para pánico del establishment secular, el único y exclusivo andamio que puede sostener el majestuoso edificio del conocimiento humano auténtico.
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