Edición Digital — Año I, N° 1
Logo Santa Jacinta

Editorial Santa Jacinta

Fides • Traditio • Veritas
La Nación · Por Dra. María Victoria Ibáñez-Soto · lunes, 13 de julio de 2026

La edición genética embrionaria como falso imperativo de salud pública

Un extenso artículo en La Nación (Argentina) promueve activamente el debate legislativo para permitir la modificación genética mediante CRISPR en embriones humanos. El texto entrevista a destacados bioeticistas seculares que argumentan que corregir defectos genéticos antes de la implantación no solo es médicamente seguro, sino que constituye un "deber moral" de los padres hacia sus futuros hijos. Sugieren que rechazar esta tecnología por motivos religiosos es condenar deliberadamente a las futuras generaciones al sufrimiento evitable.

La edición genética embrionaria como falso imperativo de salud pública

De La Nación

"Privar a los futuros ciudadanos de la terapia genética embrionaria en nombre de dogmas anticuados es una forma de negligencia médica. Si poseemos las herramientas moleculares para erradicar predisposiciones a enfermedades y mejorar las capacidades cognitivas básicas desde la concepción, la sociedad tiene el imperativo ético de universalizar este acceso para crear poblaciones más sanas y funcionales."
Consultar nota original en La Nación

Relectura editorial

El sofisma desplegado en las páginas de La Nación es una muestra de manual de cómo la cultura de la muerte se disfraza de compasión médica para avanzar su agenda eugenésica. Lo que los autodenominados bioeticistas seculares presentan como un "imperativo de salud pública" es, en realidad, la resurrección de las peores doctrinas de selección genética del siglo XX, esta vez empaquetadas en la asepsia de los laboratorios moleculares y la jerga de la biotecnología moderna. Desde el punto de vista del derecho natural y la biología humana rigurosa, un embrión no es un conglomerado de células susceptible de ser manipulado, rediseñado o descartado si no cumple con los estándares de control de calidad exigidos por la sociedad o los padres. Es una persona humana íntegra, en su fase inicial de desarrollo, dotada de una dignidad infinita e intocable que no depende de su perfección física o su futura utilidad social. La técnica CRISPR, aplicada a la línea germinal humana, cruza un límite ético infranqueable: convierte la procreación en un proceso de manufactura, donde el hijo deja de ser un don recibido con amor incondicional para transformarse en un producto diseñado a medida, sometido al capricho o a la "planificación" de sus progenitores. Más aún, la pretensión de erradicar todo sufrimiento físico mediante la modificación de la herencia humana revela una incomprensión filosófica fundamental sobre la naturaleza de la vida temporal. El sufrimiento y la enfermedad son realidades ineludibles de la condición humana caída, y es precisamente frente a la fragilidad donde florecen las virtudes más elevadas del amor compasivo, la solidaridad y la caridad cristiana. Pretender crear una raza de superhumanos "perfectos" y libres de tara genética no solo es biológicamente arriesgado —dada la inmensa complejidad de los efectos fuera del objetivo (off-target) de la edición genómica— sino que es un acto supremo de soberbia prometeica. No permitiremos que la santidad de la vida humana sea profanada bajo el engañoso estandarte del progreso tecnocientífico. Defender el orden biológico natural es defender la esencia misma de nuestra humanidad. *Nota Legal: El presente análisis crítico se realiza bajo el amparo del Art. 28 (noticias de interés general) y el Art. 10 (derecho de cita) de la Ley 11.723 de Propiedad Intelectual de la República Argentina. La obra original y su título pertenecen a su respectivo autor y medio de publicación, citados en esta página.*