La educación occidental, que alguna vez floreció bajo la sombra de las catedrales y las universidades católicas, tenía un propósito claro: formar el intelecto en la Verdad objetiva y la voluntad en la virtud. Hoy, el sistema educativo estatizado se ha convertido en la correa de transmisión ideológica de un progresismo rabioso que busca arrancar a los hijos de la influencia moral de sus padres.
En lugar de enseñar el Trivium y el Quadrivium, la lógica y la retórica clásica, las aulas modernas imponen el constructivismo pedagógico y la deconstrucción de la historia. Se promueve el relativismo moral, enseñando a los niños que no existen verdades absolutas, dejándolos inermes frente a las modas ideológicas de turno. El igualitarismo educativo no busca elevar el intelecto de los estudiantes, sino nivelarlos hacia abajo, en la mediocridad.
Ante esta usurpación del derecho primario y natural de los padres a educar a sus hijos, es urgente fomentar y proteger las escuelas de educación clásica y el homeschooling (educación en el hogar) con currículos basados en los grandes libros de la civilización occidental y la doctrina perenne de la Iglesia. Solo rescatando las mentes jóvenes del monopolio estatal relativista podremos forjar a los defensores del mañana.